La meteorología daba lluvia a las 17:00 horas, por eso la organización estaba preparada con las lonas para proteger los equipos y casetas, ante la posibilidad de acierto, y acertaron. La meteorología por un lado y los organizadores por el otro.
A las 17:08 comenzó a llover justo en los comienzos de la prueba de sonido de la banda súper estrella del festival. Pero de la misma forma que la tormenta llegó, esta se pasó y quedó una tarde noche fabulosa para disfrutar de un festival.
La organización tiró de las lonas, tanto de las que protegían los altavoces del escenario, como de las casetas del festival, el agua retenida se esfumo, y la maquinaría continuó funcionando.
Los primeros asistentes comenzaron a llegar, y con ellos los puestos de merchandising empezaron a funcionar a pleno rendimiento, sobre todo el de la organización, algo tan necesario para poder seguir creciendo y haciendo nuevas ediciones de este maravilloso festival. Un diez y un millón de gracias a esas personas que lo hacen posible. Camisetas, bocadillos, vasos conmemorativos, etc.
A las 20:30 comenzaba en Hornillos de Eresma (Valladolid), la XVIII edición del Bodega Rock 2026, con
el pistoletazo inicial por parte del presentador del evento.
Salía a escena Redshark, banda barcelonesa fundada allá por el año 2012, y con dos discos bajo el brazo como carta de presentación. Rock clásico de los años 80/90, que durante una hora hicieron las delicias de los allí presentes, encendiendo la mecha de lo que posteriormente vendría. Agradecer nuevamente a la organización el tiempo concedido, para que la banda pudiera mostrar todo su potencial. Acostumbrados a los treinta minutos más o menos concedidos a estas bandas, y a ese mal sabor de boca cuando estas son buenas, por el poco tiempo concedido para mostrar su valía, es de agradecer que este tiempo sobre el escenario sea mayor. Y este tiempo lo supo aprovechar la banda, que prácticamente sin hablar entre tema y tema fueron desgranando lo mejor de su repertorio, tanto de su primer trabajo “Digital Race”, como del segundo “Sudden Impact”. El tiburón rojo acecha en el horizonte.

Fiel al horario llegaba la segunda banda, y una de las grandes atracciones de la noche. Celebrando sus treinta años sobre los escenarios, salían a escena Pacho Brea y compañía. Ankhara dio un repaso a todos sus grandes éxitos, sonando temas emblemáticos de la banda como “No mires atrás”, “Demasiado tarde”, “No digas nunca”, “Hasta el fin”, y más hasta cerrar con el mítico “Acordes mágicos”. Pacho Brea no dejó de interactuar con el público, mostrando esa complicidad entre sus fans y él. Por desgracia la banda no pudo estar al completo como antaño, pero junto a él pudimos ver a un Cecilio Sánchez-Robles pletórico y lleno de energía, que disfrutó sobre el escenario viendo a un público entregado desde la primera nota. Una hora y media de música para conmemorar tres décadas de uno de los grupos más legendarios del power y hard rock nacional, que mostraron estar muy en forma, y con muchas cosas aun por hacer y decir.

Y tras una pequeña espera con el presentador contando un chiste sobre el escenario mientras todo estaba
listo, llegaba el plato fuerte de la noche. “La bestia” hacía su entrada con toda la fuerza y el poder que atesora este grandísimo artista de nuestro panorama musical. Llegaba el turno de Leo Jiménez que no defraudo a nadie. Tras la batería una lona inmensa con ese lema que tanto nos gusta, “Fuerza y Honor”, con dos leones cara a cara dentro de un escudo con el nombre del artista. Desde el primer tema al último la gente saltó, disfrutó y se desgañitó cantando “Condenado”, “Misantropía”, “Cielo o infierno”, por poner un ejemplo, claros exponentes de sus etapas con Stravaganzza, ó 037, e inevitablemente se marcó un par de temas de su época en Saratoga, “Vientos de guerra” y “Perro traidor”, que enloquecieron a los fans.
Como bien dijo Leo Jiménez, no podía faltar su majestuosa y contundente versión de “Hijo de la luna”. Bueno esto lo decimos nosotros evidentemente, porque para nuestro gusto este tema supera al original. Él lo presentó como un tema que el público pide siempre, a pesar de haber cientos de canciones, pero lógicamente es lo que pasa cuando se mejora a la canción original (siempre desde nuestro punto de vista), haciendo un himno del metal.
Un concierto que no dejó a nadie indiferente, con un pletórico Leo Jiménez acompañado por su banda, a los que denomina sus “Leos”, Carlos Expósito a la batería, Patricio Babasasa al bajo, y en esta ocasión los hermanos Juárez a las guitarras. Un concierto con la nota más alta, para un festival que no deja de crecer y de sorprendernos para bien.
Los últimos en salir a escena, con algo menos de afluencia como suele pasar en estos festivales tras la actuación del grupo estrella, pero con una buena cantidad de público frente a ellos, fueron los Jolly Joker.
Los valencianos hicieron suyo el escenario con su glam, sleazy y hard rock, vestidos como esas bandas internacionales que tanto nos gustan, para culminar un festival que puede estar orgulloso de su XVIII edición, que fue un éxito total. No faltaron a la cita sus mayores éxitos, “Sucker”, “Damage” “Fuck It All”, o “I Am Rock and Roll”.
Algunos pensarán, (o no), “que lástima que sean de aquí, si fueran yankis estarían mucho más arriba”, puede ser... Nosotros orgullosos de que una banda nacional haya cruzado fronteras, y haya compartido cartel con bandas como “The Quireboys”, mostrando su gran valía, y que hayamos podido disfrutarlos en un festival nacional como es el Bodega Rock 2026.
Tan solo añadiremos una cosa, gracias Hornillos de Eresma, por hacer posible una vez más este pedazo de festival.
¡Hasta el año que viene!.