Dentro se estaba viviendo uno de esos conciertos que te recuerdan por qué la música sigue siendo capaz de unir a personas que, en muchos casos, ni siquiera se conocían unas horas antes.
Y sí, sentimos mucho lo de Su Santidad, pero los que estábamos allí éramos exactamente los
que teníamos que estar: esa familia que no comparte sangre, pero sí algo igual de poderoso, el amor por la buena música.
El público lo dio todo, pero Berkana y los Seminuevos no se quedaron atrás. Desde el primer acorde quedó claro que aquello iba a ser una noche especial.
Cuando la música empezó a sonar, todo se convirtió en un único latido. Ellos sobre el escenario, entregados a sus instrumentos y a esa voz que tiene la extraña capacidad de atraparte desde la primera nota. Nosotros abajo, respondiendo con gritos, aplausos, sonrisas y esa energía que solo se genera cuando artista y público hablan el mismo idioma.
Fue un espectáculo de esos que ponen la piel de gallina.
Como siempre, volvieron a coronarse.
Las miradas cómplices entre los músicos, el carisma natural de Berkana y esa forma tan cercana de entregarse a quienes la escuchan hicieron que la conexión con el público fuera absoluta. Durante unas horas, todos formamos parte de algo mucho más grande que un simple concierto.
Y entonces llegó la sorpresa.
La sorpresa apareció con "Las chicas son guerreras".
Shelly subió al escenario.
Para quien no la conozca, Shelly —nombre artístico de Concepción Gutiérrez— está considerada la primera mujer en cantar y grabar heavy metal en España. Pionera también en el soul durante los años sesenta y líder de la banda Malena y Belcebú en los ochenta, abrió caminos cuando hacerlo no era precisamente fácil. Su nombre forma parte de la historia del rock en castellano.
Confiesamos que hasta anoche apenas sabíamos quién era. Hoy, después de buscar información sobre ella y descubrir su trayectoria, solo puedo decir una cosa: me declaro fan absoluta de esta mujer.
Y sin entrar en más detalles, os diré algo.
Si anoche os perdisteis este concierto, os habéis perdido una de esas imágenes que merecen quedarse grabadas para siempre: dos mujeres extraordinarias compartiendo escenario y cantando rock juntas, demostrando que el talento, la actitud y la pasión no entienden de edades.
Desde aquí, toda mi admiración a Berkana y los Seminuevos por regalarnos otra noche de
musicote del bueno. Del que se escucha con los oídos, se siente en la piel y se guarda para siempre en la memoria.




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